22 de abril de 2017

TE ALZASTE DE LA NADA


Te alzaste de la nada hasta mi vientre
creció contigo el día en mis entrañas
ceñidas por el peso ligero de tu carne.
Vació luego tu cuerpo el tiempo breve,
te desnudó la luz y te marchaste.

 Mi diccionario
dejó en el hueco herido de tu nombre
la nieve del reloj de los naufragios
el paisaje liviano de tu aliento
la palabra no dicha, la huida nana

al lunes clandestino, el hondo llanto.

18 de abril de 2017

PERDURAS A MI LADO

Perduras a mi lado
cuando el tren, mercancías de la noche,
consigo se llevó
los jirones penúltimos del sueño.

Apuré con un trago la luna que me diste
en el andén vacío.

Recorro cada día
las laderas del tiempo con ternura,
mientras la lumbre cálida de abril
el invierno suspende.

Imagen y palabras, cortinajes de bruma.
Los pájaros masones nada cuentan
sobre el fin de esta historia de la que todavía
no han pasado sus créditos.

Pero puedes estar ciertamente segura
que a nacer volvería
enredado en la noche, con un fundido en negro
por si hubiere tal vez una nueva película.


14 de abril de 2017

LEJOS EN MI NIÑEZ

Lejos en mi niñez
vareaba mi padre los olivos.
Yo busco un colorín entre las aceitunas.

No es difícil pintar
a mi madre en el cuadro del cortijo
agachada en el suelo.

La vida fue podando aquellas realidades.
De todo aquello sólo queda un yo
con profunda nostalgia de lo que fue la sierra.

Mi vivir necesita de los sueños,
hoy recuerdos, ayer lejana historia
fugaz entre moradas y verdes aceitunas.

No dejo que la vida apague mis vivencias.
Detrás de los olivos

un mundo fenecido aún vive en mí.

8 de abril de 2017

UNA FOTOGRAFÍA

Una fotografía
me ha diluido
en el abatimiento.

La foto de unos niños
—locura humana—
pistola y metralleta
al hombro
y una densa columna de humo negro.

En soledad y amor
nacen y crecen
las vidas y los días,
carnes heridas
por el tiempo...
y la muerte.


5 de abril de 2017

LA LITURGIA DE ABRIL

Ayer, mi yo
            —esto que soy—
por mares sin un rótulo
y planetas sin luz,
sobre balsas añosas,
vacías y sin rumbo,
disperso
iba perdido.

Hoy mora
lejos, allá
en la isla sin recodos
de un nombre.
En la inquietud
                                               de su conjuro.
                                              
                                               La liturgia de abril
                                               deshizo mi país
del otro lado de la puerta.

                                               ¿Tu nombre?
                                               Enigma de azahar y de hojas secas,
                       coquetear de sílabas,
sobre mi carne muda.